PRINCIPIOS

En la filogénesis, la emoción apareció como una característica altamente adaptativa que permitía a los animales actuar de forma rápida ante situaciones vitales. El ser humano heredó un sistema nervioso emocional similar al de muchos animales y su gran desarrollo cognitivo y la experiencia que le ofrecen las múltiples y complejas interacciones sociales le permite un amplio abanico de emociones y sentimientos.

Pero precisamente el gran desarrollo cognitivo experimentado por nuestra especie nos ha llevado a construir un entorno altamente cambiante, en el que paradójicamente nos resulta difícil adaptarnos con un sistema emocional heredado
de nuestros antepasados más lejanos. Es por ello que la dimensión emocional del ser humano
y sus problemas está generando cada vez más atención. Históricamente, la emoción se ha contrapuesto a la razón, ya que las emociones y las pasiones se consideraban la dimensión mas animal del ser humano y por ello “la educación tradicional ha primado el conocimiento por encima de las emociones” (Bach y Darder, 2002) con la esperanza que la potenciación de la razón dominara la emoción.

Sin embargo, aunque no se le haya ofrecido la relevancia necesaria, la dimensión emocional siempre ha estado presente en cualquier contacto educativo y en cualquier contexto de interacción social. Actualmente, y gracias a las últimas investigaciones, se ha demostrado la importancia de la dimensión emocional en los procesos de aprendizaje que se da en la escuela y en el bienestar del alumnado. En definitiva, la educación emocional no se propone sustituir la razón por emoción, sino establecer un paradigma que considere al sujeto como protagonista principal de la educación y ofrecer un nuevo modelo constituido por emoción – pensamiento – acción más adecuado a la naturaleza humana.

En conclusión, el desarrollo de la educación emocional persigue la adquisición de las habilidades emocionales y, por tanto, de las habilidades de la vida mediante esta propuesta del juego EMOWIN.

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE DESARROLLAR LA INTELIGENCIA EMOCIONAL?

Son diversas las situaciones que reclaman una intervención familiar, educativa y social en el ámbito de la inteligencia emocional.

  • En primer lugar, el bajo nivel de competencia emocional del colectivo de adolescentes demuestra un observable “analfabetismo emocional” (Goleman, 1996) que desemboca en comportamientos desadaptativos (Bisquerra, 2003), como por ejemplo: el consumo de sustancias nocivas (consumo de drogas), multiculturalidad, trastornos alimentarios (anorexia, bulimia); violencia de género, aumento de embarazos no deseados, tasa de suicidios y numerosos actos de violencia dentro y fuera del ámbito escolar, desde el renombrado bullying escolar hasta las vejaciones grabadas en teléfono móvil que posteriormente son colgadas en Internet (cyber-bullying).

Por otra parte, las últimas investigaciones realizadas sobre el papel de las emociones en la toma de decisiones (A. Damasio) y por consiguiente la demostración de la poca relevancia por si misma del CI (inteligencia académica) en el camino al logro profesional de las personas (Fernández Berrocal y Extremera, 2002), enfatiza la importancia del desarrollo emocional como complemento indispensable del desarrollo cognitivo.

Desde el punto de vista psicopedagógico, se ha observado la necesidad de la intervención socio -emocional (Álvarez, 2001) debido a los altos índices de fracaso escolar, dificultades de aprendizaje, abandono de los estudios, dificultades en la relación con los compañeros y compañeras… Esto provoca un claro déficit de madurez emocional y estados emocionales negativos, provocando así la escasa actitud y motivación de las personas estudiantes ante el mundo académico.

  • En segundo lugar, y teniendo en cuenta las situaciones antes descritas, el desarrollo de la inteligencia emocional y, por lo tanto, el desarrollo de las competencias emocionales (Bisquerra 2000 y Goleman, 1995), se centra en la prevención de factores de riesgo en el aula (Ibarrola, 2004) con el fin de mejorar las calificaciones, la falta de motivación y las agresiones (Casel, 2003). Asimismo, trata de mejorar las relaciones interpersonales del alumnado y su bienestar subjetivo (Extremera y Fernández Berrocal, 2004).

En el informe a la UNESCO La educación encierra un tesoro (J. Delors, 1996) se establecen los pilares básicos para la educación para el siglo XXI: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a convivir. Estos dos últimos pilares son contemplados por la educación emocional.

El cambio en acaecido en el paradigma de la inteligencia gracias a la Teoría de las Inteligencias Múltiples (H. Gadner) amplía el campo del concepto de inteligencia y reconoce lo que hasta entonces se intuía: que la brillantez académica no lo es todo, sino que el desarrollo de las competencias emocionales puede suponer hasta un 80% en el éxito de las personas. Un ejemplo de ello es la gente de gran capacidad intelectual pero incapaz de, por ejemplo, elegir bien a sus amigos; por el contrario, personas menos brillantes en el colegio triunfan en el mundo de los negocios o en su vida personal.

Mediante el desarrollo de las competencias emocionales,  aprendemos a emplear diversas estrategias emocionales como la regulación emocional, asertividad, empatía, resolución de conflictos… con el fin de hacer frente a situaciones emocionalmente difíciles, dentro del ámbito escolar y en contexto no escolar, familiar y social.

Por otra parte, un hecho preocupante para nuestra sociedad es la separación creciente entre el mundo laboral y el académico. A pesar de que en el mundo laboral ya seamos conscientes de que no son tan importantes los títulos académicos como las habilidades como la iniciativa, el liderazgo o el trabajo en equipo, la institución escolar, sin embargo, parece ir a remolque de los acontecimientos sociales actuales, actuando más como un lastre que como motor de la sociedad.

En conclusión, las emociones y, por lo tanto, las estrategias emocionales se pueden enseñar
y aprender. Si preguntásemos a cualquier persona si le enseñaron técnicas de autocontrol,
de relación, de resolución de conflictos… la respuesta sería negativa en lo que respecta
al ámbito educativo. Pero a todos y todas nos han explicado la raíz cuadrada, los ríos de Europa… conceptos que aún hoy podríamos reproducir como loros. Sin embargo, la realidad
es que a diario nos vemos obligados y obligadas a intercambiar emociones, a comunicarnos emocionalmente con nosotros y nosotras mismas y con el resto, o que experimentamos diversas emociones como la ira, la frustración o la alegría. En cambio, y aunque no esté demás enseñar conceptos relacionados con diferentes áreas, la institución educativa debe promover el desarrollo integral de la persona, en el que la dimensión emocional es esencial.

DEFINICIÓN DE LA EDUCACIÓN EMOCIONAL (Bisquerra, 2000)

Proceso educativo, continuo y permanente que pretende potenciar el desarrollo emocional como complemento indispensable del desarrollo cognitivo, constituyendo ambos los elementos esenciales del desarrollo de la personalidad integral. Capacitar al alumnado de conocimientos y competencias emocionales que le permitan afrontar la vida tanto personal como profesional con éxito y aumentar su bienestar a nivel de salud y de convivencia.

ESTRATEGIAS DE INTERVENCIÓN EN EDUCACIÓN EMOCIONAL

En ocasiones, en función de las características del centro educativo, de la formación del profesorado en educación emocional, de la disponibilidad del profesorado, de las características del entorno social, etc., implantar un programa no es tarea fácil. Por ello, a veces habrá que empezar poco a poco hasta lograr el objetivo final, que sería la implantación del modelo
del juego EMOWIN.

OBJETIVOS DE LA EDUCACIÓN EMOCIONAL (Bisquerra, 2000)

  • Promover el desarrollo integral del alumno y alumna. 

  • Adquirir un mejor conocimiento de las propias emociones. 

  • Identificar las emociones del resto. 

  • Desarrollar la habilidad para regular las propias emociones. 

  • Prevenir los efectos nocivos de las emociones negativas. 15
  • Desarrollar la habilidad para generar emociones positivas. 

  • Desarrollar la habilidad de automotivarse. 

  • Adoptar una actitud positiva ante la vida. 

  • Mejorar las relaciones interpersonales. 

  • Desarrollar las habilidades de vida para el bienestar personal y social. 


OBJETIVOS ESPECÍFICOS DE LA EDUCACIÓN EMOCIONAL

  • Desarrollar la capacidad para prevenir y controlar el estrés, la ansiedad y los estados depresivos. 

  • Tomar conciencia de los factores que inducen al bienestar subjetivo. 

  • Desarrollar el sentido del humor. 

  • Desarrollar la capacidad para diferir recompensas inmediatas en favor de otras 
recompensas mayores pero que se obtienen más a largo plazo. 

  • Desarrollar la resistencia a la frustración. 


CONTENIDOS DE LA EDUCACIÓN EMOCIONAL

  • Inteligencia emocional. 

  • Conocimiento de las propias emociones y las del resto. 


  • Automotivación. 

  • Empatía. 

  • Resolución de conflictos. 

  • Habilidades de vida. 

  • Habilidades sociales. 

  • Comprensión y regulación de las emociones.
cerebro dibujo colorido con salpicaduras colores pintura

EFECTOS ESPERADOS

  • Aumento de las habilidades sociales y de las relaciones interpersonales satisfactorias. 

  • Disminución de pensamientos autodestructivos, mejora de la autoestima. 

  • Disminución del índice de violencia y agresiones. 

  • Menor conducta antisocial o socialmente desordenada. 

  • Menor número de expulsiones de clase. 

  • Mejora del rendimiento académico. 

  • Disminución en la iniciación al consumo de drogas. 

  • Mejor adaptación escolar, social y familiar. 

  • Disminución de la tristeza y la sintomatología depresiva. 

  • Disminución de la ansiedad y el estrés. 

  • Disminución de los desórdenes relacionados con la comida. 

mano con dejos pintados cara y corazón famila feliz

BLOQUES TEMÁTICOS

El marco de la competencia emocional se divide en dos partes:

  • Competencias intrapersonales (van dirigidas a la propia persona):

– Conciencia emocional


– Regulación emocional


– Autonomía emocional 


  • Competencias interpersonales (van dirigidas al resto):

– Habilidades socioemocionales


– Habilidades de vida y bienestar 


 

Primera competencia: conciencia emocional, que nos permite darnos cuenta y ser conscientes de:

  • Lo que sentimos. 

  • Poner nombre a las emociones que sentimos. Vocabulario emocional. 

  • Identificar y ser conscientes de las emociones de las demás personas. 

  • Conciencia del propio estado emocional. 

  • Comprender el significado y las ventajas o desventajas de cada una de las emociones. 


Segunda competencia: 
regulación emocional, que nos permite responder de manera adecuada a las distintas situaciones emocionalmente intensas (estrés, frustración, cansancio, enfado, debilidad, miedo, inseguridad, alegría, ilusión…) 


  • Estrategias de regulación emocional: diálogo interno, relajación, reestructuración cognitiva… 

  • Estrategias para el desarrollo de emociones positivas. 

  • Regulación de sentimientos e impulsos. 


Tercera competencia: 
autonomía emocional, que nos permite tener confianza en nosotros/as mismos/as, tener autoestima, pensar positivamente, automotivarnos, tomar decisiones de manera adecuada y responsabilizarnos de forma relajada y tranquila. 


  • Noción de identidad, conocimiento de uno/a mismo/a (autoconcepto). 

  • Valoración positiva de las propias capacidades y limitaciones. 


Cuarta competencia: 
habilidades socioemocionales. Consiste en ser capaces de manejar cada una de las distintas y variadas situaciones sociales con el conjunto de emociones positivas y negativas que ello conlleva.
El desarrollo de esta competencia implica: 


  • Escuchar activa y dinámicamente a las otras personas. Así, les haremos sentirse importantes.
  • Dar y recibir críticas de manera constructiva, lo que solemos llamar “recibir la medicina amarga”. 

  • Comprender al resto y conseguir que nos comprendan. 

  • Ser asertivo/a en nuestro comportamiento, estando dispuestos a ser sinceros/as y 
expresar lo que pensamos, sentimos y hacemos ante el resto y a lo que representan. 

  • Enfrentarnos inteligentemente a cada uno de los conflictos que tenemos en nuestro día 
a día. 

  • Mantener buenas relaciones interpersonales con las personas con las que vivimos o 
 

  • Trabajar en equipo e implicar a las personas en proyectos y objetivos. 


Quinta competencia: 
habilidades para la vida y el bienestar personal. El fin último al cual todas las personas aspiramos con cada uno de nuestros actos es conseguir la felicidad (desde la dimensión emocional, hablaríamos de experimentar un bienestar subjetivo). Se trata de ofrecer recursos que ayuden a organizar una vida sana y equilibrada, superando posibles obstáculos que la vida pueda deparar. 


  • Habilidades de organización (del tiempo, trabajo, tareas cotidianas) y desarrollo personal y social. 

  • Habilidades en la vida familiar, escolar y social. 

  • Actitud positiva y real (mediante planes de acción individual) ante la vida. 


 

Como decía Gabriel García Márquez: “Muchas personas quieren vivir en la cima (ser felices) pero no se dan cuenta de que la felicidad no hay que esperar a tenerla cuando estamos en la cima, sino sentirla y vivirla durante el ascenso a la misma”.

En conclusión, las competencias emocionales se desarrollan aprendiendo a manejar una serie de habilidades prácticas y específicas, y éstas pueden ser una pieza clave del puzzle que forman la eficacia profesional y el bienestar personal.